Camino
de Santiago´2018
….....uno
de tantos ……..
Prólogo.
Así comienza esta aventura
¿ Somos como
niños o estamos un poco locos ?. No sé, quizás sea un poco de
todo. Lo cierto es que después de ir a Guadalupe, nos planteamos
hacer algo todavía más difícil. ¿ Por qué no podríamos hacer el
Camino francés desde Roncesvalles hasta Santiago ?. Enrique, que ya
había pasado la experiencioa, nos hablaba una y mil veces de las
maravillas de este Camino, sus paisajes, sus experiencias, los
momentos inolvidables,….y como a los Ciclozumos no se nos pone nada
por delante, decidimos que el día 18 de mayo comenzaríamos la
aventura.
Poco a poco
fuimos rumiando el viaje, las ilusiones crecían día a día, había
que hablar de preparativos, lo que se necesitaba, las alforjas, la
puesta a punto de las bicicletas, la carga, y tantas y tantas
cosas….cada ruta que hacíamos en la semana se repetía la misma
historia y los ánimos iban creciendo.
Diez días
antes de la marcha nos reunimos en nuestra sede para hablar y
comenzar a concretar cosas, acudimos Amalio, Enrique, su hijo Enrique
J. y yo. Nos centramos en dos aspectos: las cosas que había que
llevar para minimizar la carga y el transporte de las bicicletas a
Roncesvalles. Tras las sugerencias de unos y otros y las
experiencias de Enrique y su hijo, acordamos que Enrique J nos
hiciera un escrito con aquello que es absolutamente imprescindible. A
partir de ahí que cada uno añadiera o quitara lo que le pareciera
bien o mal. Así se hizo. Sobre el transporte de bicicletas, aspecto
mas complicado, aportamos varias soluciones a estudiar: llevarlas en
el tren, enviarlas por SEUR, montarlas en el autobús que nos pudiera
transportar también a nosotros, pedir un carrillo y que nos llevara
alguien cercano, o alquilar un furgón que pudiéramos dejar en
Pamplona. Cada uno de nosotros investigó por su cuenta las
distintas posibilidades.
Se acercaba el
día, a nosotros se unió Celestino Parejo y había que actualizar la
situación y ver como estaban las cosas y tomar decisiones. Nos
reunimos por primera vez los cuatro, en la terraza del bar de
Alejandro. Enrique nos entregó el escrito que había hecho su hijo
con las cosas necesarias y centramos la reunión en el transporte de
las bicicletas, que era lo más urgente. Tras dar a conocer las
distintas gestiones que habíamos realizado cada uno, acordamos que
lo mejor sería el alquiler del furgón en Don Benito. Pero había un
problema, que había que devolverle al día siguiente en el lugar de
origen. Por consiguiente necesitamos a alguien que nos lleve a
Roncesvalles y traiga el furgón. Enrique nos aportó la solución
inmediatamente, Se lo dijo a su hermano Raúl y éste acepto de “
mil amores “, nos llevaría y se vendría al día siguiente.
Problema resuelto y bien resuelto, pues a la postre resulto que Raúl
sería una pieza importante del viaje, de la carga, la descarga y el
montaje de la bicicleta, además de su amabilidad radiante y la
alegría que te transmite. Eso sí, habla tanto o más que su
hermano.
Llega el día
16 de mayo, encima de la cama ponemos todo lo que nos vamos a llevar.
¿ Falta algo o sobra ? Hacemos una foto y lo ponemos en el wassap –
bendito wassap – para que entre todos nos ayudemos. Qué si el
traje de agua, que si el cubre- zapatillas, que en vez de champú
llevamos jabón casero, que si uno o dos maillots,...bueno pues lo
que sea ya sonará. La suerte está echada , como dijo Cesar al pasar
el Rubicon en la guerra de las Galias. “ Alia jacta est “.
Llega Raúl,
nos vemos en Alejandro y tomamos unas cervezas para planificar el
viaje. Enrique y él irán a las 19 h a por el furgón, que
previamente ya había reservado Celestino en don Benito con rebaja
incluida, 90 euros por día. Cargaríamos todo, al llegar, en la
puerta de mi casa. Así lo hicimos. Raúl con el manejo propio de
quien lo hace todos los días, nos enseñó a embalar las bicis. Las
cargamos, y después los equipajes, alforjas y demás enseres.
Mientras tanto las historias, las ilusiones y las ganas porque
llegara el día siguiente eran muchas.
El Furgón
durmió en mi cochera para prever cualquier problema de robo u otra
circunstancia. Y nosotros nos fuimos a dormir, bueno a intentar
dormir. Habíamos quedado para salir a las 5 de la mañana. Pero creo
que nosotros, como los niños cuando van a ir de excursión en su
etapa escolar, no pegamos ojo. A las cinco en punto estaban todos en
la puerta, sacamos el furgón y metió Celestino el coche en la
cochera. Y con la ilusión y las ganas de un adolescente, emprendemos
la marcha a una aventura deseada y misteriosa.
El primer
conductor que se ofrece es Enrique y echamos el primer tirón hasta
Maqueda donde paramos a desayunar unas ricas – y no pequeñas –
magdalenas que había horneado Amalio el día anterior
...jajaj...Como siempre las conversaciones en el furgón y durante el
viaje se centraron en el Camino y las excelencias de los momentos que
íbamos a vivir.
Continuamos
con el mismo conductor y la siguiente tirada es hasta el área de
servicio 103 en la Venta de Almadrones en la provincia de
Guadalajara. Tomamos un café en el Restaurante Cafetería de la
Abuela Celestina y pasamos por la tienda de Dª Cayetana y sus
productos acojonantes, con algunos de ellos se hizo Amalio algunas
fotos. Al salir nos juntamos con una excursión de Taiwaneses y llegó
el primer momento “ jolgórico “ de los muchos que vendrían
después en el Camino. Les invitamos a hacerse una foto con nosotros.
Fue decírselo y todos acudieron como moscas. Les cantamos nuestra
canción y todos la tarareaban sin descanso. Pasamos un buen rato. Se
despidieron efusivamente.
A partir de
ahí coge el “ timón de la nave “ Amalio. Con algunos problemas
en los GPS que llevábamos, nos “ espetamos “ hasta Agreda en la
provincia de Soria tras un pequeño debate si debíamos tirar por
Zaragoza o no. Es la hora de la comida y desde que comimos las
magdalenas y las ganas que teníamos de meter boca a las comiditas
que nos habían preparado, decidimos parar en este pueblo que tenía
pinta de ser muy bonito. Antes de ponernos a comer , nos pareció
bien realizar un pequeño paseo turístico en coche por el pueblo.
Comenzamos por calles , seguimos por calles estrechas y terminamos en
calles estrechísimas. Hasta el punto que pensamos que teníamos que
dejar el furgón encajonado porque no había forma de doblar en una
esquina. Por fin y tras varias maniobras conseguimos salir y buscar
un lugar donde comer. Creo que escogimos el lugar más inhóspito y
lúgubre de todo el pueblo, en la salida sin nada alrededor,
utilizamos como mesa la nevera y como sillas nuestras propias
piernas. Ahora eso sí, la comida estaba exquisita. Todos probamos de
todo y todo estaba tan rico, que nos pusimos “ como el tio Quico “
( viva el pareado)
Sin apenas
echar una siesta,...jajaja...continuamos la marcha hacia
Roncesvalles. La siesta la hicimos en el furgón los no conductores,
hay constancia de esos momentos. Así, llegamos a tomar un café a
Espinal, ya cerca de la llegada. Enrique y Raúl querían saludar a
una amiga suya del año anterior que les atendió muy bien,. No
estaba se había tomado un año sabático. Pero le dejaron una foto
de los dos con un cartelito escrito por ella donde hablaba de la
amabilidad de los dos hermanos.
Aparece
Roncesvalles y en medio de la niebla como un castillo encantado en
medio del bosque está El albergue de Orreaga es un antiguo Hospital
donde asistían a los peregrinos una vez que pasaban los Pirineos.
Data del 1127. Ya estamos en el punto de partida del Camino.
Inmediatamente a sellar las credenciales y a ponerse en una fila
larga, larga para coger litera para la noche. El albergue está
regentado por unos holandeses y uno de ellos con cara amable y
risueña pasaba una y otra vez, contaba y recontaba y de vez en
cuando movía la cabeza, como diciendo, “ no sabemos cuantos se
quedarán en la calle “. Bueno al final, a nadie se le deja sin un
sitio donde dormir. Por fin nos llegó la hora, nos dieron las
literas pero un lugar habilitado al efecto, con muy poca higiene y
con unas literas que había que hacer un gran esfuerzo para dormir en
ellas. Es lo que había. Así es que haciendo “ de tripas corazones
“, nos aposentamos, cerramos los ojos, preparamos la litera y
salimos a dar una vuelta por los alrededores.
A Raúl se le
ocurrió ir a San Jean Pied de Port, el pueblo francés fonterizo con
Roncesvalles. Es un pueblo turístico, muy bonito, que merece la pena
ver , desde donde muchos peregrinos inician el Camino. La tarde
estaba con niebla, infernal, y frío y la carretera con multitud de
curvas. Celestino iba un poco acoj… y yo poco más o menos. Pero el
viaje mereció la pena . Echamos la tarde y recorrimos el pueblo.
La cena, con
las sobras de las comidas, la hicimos en el albergue acompañados de
Emelyn, una ingeniera química de Thenesis ( EEUU ) que nos alegró
el momento. Nos dijo que había comido , que no tenía apetito. Pero
tras los ánimos a probar los productos de nuestra tierra, comió más
que todos nosotros juntos. Hasta se llevó una manzana para el día
siguiente.
Y se acabó
este largo día. Había que dormir para el siguiente, comienzo de
nuestra aventura. Fue una noche para olvidar, entre el cansancio
propio del viaje, los ronquidos y la suciedad de las literas,
contamos muchas horas – y muchas ovejitas - como pasaban...Mañana
será otro día.
Día
18
1ª
Etapa ( Roncesvalles – Pamplona )
Descripción
de la etapa
Se
sale a la N-135, no
sin antes apreciar la moderna iglesia de San Bartolomé,
Inmediatamente después viene
un desvío a la derecha para continuar nuestro camino por la acera,
prestando especial atención ya que tras un paso de peatones debemos
girar a la izquierda para subir hacia el alto de Mezkiritz. Cruzamos
un estrecho sendero de tierra podremos recuperar el aliento mientras
disfrutamos de las asombrosas vistas del valle a nuestros pies.
Afrontamos
desde este momento una serie de repechos a través de una pista
forestal para alcanzar los ochocientos metros en el alto del Erro.
Nos veremos recompensados por su ecléctico bosque, repleto de
multitud de especies como robles, pinos y abedules. Desde
el Alto de Erro hay unas vistas inmensas y luego nos encontramos una
bajada incomodísima, con mucha piedra suelta, hasta llegar a Zubiri.
A veces incluso escalones de piedra que por momentos te hacen
plantearte haber iniciado esta aventura. También
nos cruzaremos con una zona de descanso que rememora el fallecimiento
de un veterano peregrino japonés. Multitud de rampas con piedras
sueltas y de distintos tamaños dificultan este último tramo de la
etapa, por lo que debemos prestar mucha atención por donde pisamos
durante los cuatro kilómetros de descenso para evitar accidentes.
El puente medieval de la Rabia
nos permitirá cruzar sobre el río Arga mientras sus longevas
piedras parecen que nos
van contando una historia
tras otra.
Esta construcción gótica ha sido objeto de numerosas leyendas a lo
largo de la historia: la creencia popular aseguraba que los animales
que rodeaban alguno de sus pilares podían sanar la rabia. Tal es su
importancia, que el propio nombre de Zubiri significa en vasco: el
pueblo del puente.
Tras
haberlo cruzado, nos despediremos de esta localidad para afrontar un
nuevo día de caminata. El curso del Arga nos conducirá hacia la
pequeña localidad de Ilarraz, donde podremos refrescarnos y rellenar
nuestras cantimploras en una fuente con agua potable. A tan solo
ochocientos metros pasaremos por otro pequeño pueblo llamado
Eskirotz. De nuevo, el río Arga nos acompañará hasta nuestra
siguiente parada: Larrasoaña.
Antes
de llegar a la siguiente localidad, Irotz, deberemos abandonar el
cauce del río durante un pequeño tramo que cruza la N-135 para
retomarlo de nuevo más adelante. Así, bajo la atenta mirada
del Monte Iturratx, Irotz nos recibe con casas construidas en
muros de sillarejo y con numerosos bancos adosados a ellas donde
tomarnos un merecido descanso a la sombra.
Nuestra
siguiente parada será Burlada, el quinto municipio en cuanto a
población de la comunidad de Navarra, por lo que estará provista de
todos los servicios que pudiéramos necesitar. Un kilómetro y medio
más tarde nos reencontramos con el río Arga, que deberemos cruzar
de nuevo en este caso por el puente de la Magdalena. Con esto, hemos
llegado a Pamplona y finalizado esta primera etapa.
Anecdotario:
Después
de una noche catastrófica por inadaptación, ronquidos, escasez de
servicios en el albergue, y cansancio propio del viaje , cada uno
durmió lo que pudo, en general poco. A las seis y media de la mañana
ya estábamos levantado. La mañana era de niebla, más propia de
invierno cerrado que de primavera, pero la ilusión estaba por encima
de cualquier variable que se nos presentara. Decidimos ir a tomar el
desayuno a Espinal con la esperanza de encontrarnos con Mai y allí
montaríamos las bicicletas e iniciaríamos la primera etapa. Antes
nos hicimos una foto mítica en el cartel que indica los 790 kms
hasta Santiago
Dicho
y hecho, montamos las bicicletas, con la ayuda de Raúl y comienza
nuestra aventura. Tras una despedida efusiva y llena de
agradecimientos hacia Raúl, comenzamos a subir por un camino
pedregoso, pero verde y lleno de vegetación, a lo que no estamos
acostumbrado por nuestra tierra.
Si
a esto le unimos la cantidad de peregrino que iban por el camino,
suponía una atención constante a las piedras y a los peregrinos.
Continuamente tocando el timbre de la bici para que se apartaran.
Menos mal que además lo hacíamos con el grito de BUEN CAMINO que
repetíamos una y otra vez,..hasta no sé cuantas veces.
Así
llegamos al alto más alto de la etapa “ El alto de Erro “. En
este trayecto coincidimos con una grupo de peregrinos que aunque
vivían en Barcelona, eran de Llerena y habían vivido en Hernán
Cortés y Don Benito. Nos hicimos la correspondiente foto y le
cantamos nuestro himno. Les encantó. Luego seguimos el curso del río
con imágenes muy bellas y con la alegría de contemplar a peregrinos
bañándose como vinieron al mundo, a pesar del frio que hacía.
Cerca
de Pamplona, compramos en un supermercado algunas viandas para la
merienda y allí a la orilla del rio Argas, en un parque muy
acogedor, nos pusimos a comer e hicimos un pequeño balance de la
etapa. Se puede considerar una etapa dura e impropia para los
bicigrinos por el camino tan estrecho, pedregoso y lleno de
caminantes. Pero tiene un encanto especial por los paisajes y por el
espíritu de solidaridad y ayuda que se manifiesta cada vez que
surge el momento. Además entre nosotros, teníamos a un verdadero
motivador del grupo, Enrique , que en cada momento nos daba ánimos
y nos instaba a disfrutar del camino y sus momentos. Celestino
sufrió mucho con la carga que llevaba, incluso estuvo a punto de
caerse en alguna ocasión. Pero son cosas del camino.
La
llegada a Pamplona por la ribera del río Arga hasta llegar al
centro, donde encontramos el mejor albergue del Camino, al que nos
llevo un amable adolescente pamplonica con su bicicleta, El albergue
de Jesús y María “. Un albergue municipal regentado por ASPACE,
Asociación de paralíticos cerebrales. Es un antiguo conventual que
fue abandonado por los Jesuitas, ocupado por OKUPAS y que
posteriormente se hizo cargo el Ayuntamiento, a quién se lo cedió
finalmente la Compañía de Jesús. Nos dimos una ducha magnífica,
nos aseamos convenientemente y nos fuimos a hacer una visita
turística por la ciudad, por la calle Estafeta, catedral, ect.
Mientras
tanto Celestino aprovecho para averiguar como podía aligerar su
pesada carga y como cambiar los pedales de cala, que le habían
supuesto un peligro en esos caminos de Dios, bueno de Santiago,
por otros normales. Tanto una cosa como la otra las solucionó con
prontitud y buena determinación. Lo primero enviando a Santa Amalia
parte de la carga con una compañera de su hija y lo segundo en un
taller de bicis de Pamplona.
Antes
dejamos hecha la colada, pues había servicio de lavadora y
secadora. Bueno este servicio al final fue general en todos los
albergues. Compramos algo para la cena y con nuestro “ master chef
“ nos hicimos una buena y apetitosa cena de pasta. A dormir.
Día
19
2ª
Etapa. ( Pamplona – Estella )
En
el día de hoy cambiaremos el río Arga por el Sadar, y los robles y
hayas por los campos de cereal. Partiremos desde Pamplona con el
objetivo de coronar el Alto del Perdón, situado a algo más de
setecientos cincuenta metros de altitud. El viento nos acompañó la
mayor parte del camino, motivo por el cual fue en esta zona donde se
instaló el primer parque eólico de la comunidad foral. No se trata
de una etapa larga, pero sí requiere cierta templanza ya que las
pronunciadas subidas y los resbaladizos descensos pusieron a prueba
nuestra resistencia física. Con la sierra del Perdón a nuestras
espaldas, nos reuniremos con nuestros compañeros del Camino Aragonés
en la localidad de Obanos, para recorrer juntos la distancia que nos
separa de Puente la Reina. Población importante dentro del camino
de Santiago debido al puente que mando construir Dª Mayor, esposa de
D Sancho I el Mayor ( te acuerdas Celestino ? ) para que pasaran los
peregrinos . Sobre el puente se fue enclavando la población hasta
llegar a lo que es ahora
En
esta etapa los campos de cereal se verán lentamente sustituidos por
coloridos olivos y viñedos, presagiando la entrada a la comunidad
riojana. A través de una antigua calzada romana, ríos y puentes que
esconden siniestras leyendas y pueblos medievales, Estella nos
recibirá entre campos de amapolas y trigales.
Anecdotario
Tras
una dormida feliz y recuperar la fuerzas debido al cansancio de la
etapa anterior, en unas literas con colchones muy buenos , nos
levantamos a las 6.30 h.. Cual fue mi sorpresa al ver que ya los
peregrinos – caminantes - se habían marchado, sólo quedábamos
allí los bicigrinos.
Celestino,
como ya os he dicho, se había desprendido de parte de su carga,
envíando la a Santa Amalia a través de la empresa donde trabaja su
hija Paqui. Pero no contento y satisfecho con eso, facturó las
alforjas y el resto de equipaje para que se lo llevaran al albergue
de Estella. Así es que las penurias que pasó el día anterior le
desaparecerían, sólo que le iba a costar 10 euros. Pero iba
tranquilo, y rápido como una moto. Mejoró notablemente su pedalear,
su comodidad y su velocidad..
Al
salir hicimos un paseo turístico de despedida por la Pamplona
tradicional y le dijimos “ hasta pronto “. Desayunamos antes de
salir al camino en una cafetería y comenzamos como había sido la
primera etapa, con un reguero de gente, muy animados. Conocimos a
Antonio, un chico de Cádiz, que a la postre le consideramos un
atleta, pues hacía los mismos kilómetros andando que nosotros en
bici. Es un fenómeno, todo fibra y buen humor como buen gaditano.
Comenzamos
la subida del Alto del Perdón por un sendero estrecho con piedra que
daba miedo verlo. El final de ese tramo se puede decir que en vez de
hacerlo “ en bicicleta “, lo hicimos “ con bicicleta “. Pero
a pesar del sacrificio, fue interesante y plagado de anécdotas. Por
fin llegamos al Alto del Perdón, también conocido como Erreniega,
situado a una altitud de 1039 metros.
Allí
se produce un descanso generalizado por parte de todos los peregrinos
y bicigrinos. Había un montón de gente de todas las nacionalidades.
Les propusimos hacer una foto todos juntos y de manera espontánea
les cantamos nuestro himno “ Resistiré. Fue un espectáculo, las
cámaras de fotos y videos estaban a todo “ trapo “. Creo que a
partir de ahí nos hicimos un poquito famosos, pues cuando volvimos a
ver a algunos de los peregrinos presentes en el alto, nos cantaban el
estribillo de la canción. Fue espectacular.
Para
la bajada , seguimos las recomendaciones de los carteles para hacerlo
por la carretera. Fue una bajada vertiginosa con velocidades por
encima de los 60 kms por hora. A partir de ahí y siguiendo por
carretera llegamos a Puente de la Reina. Estaban de feria y había
música y un desfile de Gigantes y cabezudos. Recorrimos la calle
Mayor y llegamos al Puente sobre el río Arga, paso ancestral del
camino de Santiago. Allí le tome la lección a mis compañeros sobre
la historia de dicho puente. Más o menos, aprobaron
todos…..jajaja...
Pero
lo mejor del puente fue que una linda y simpática lugareña,
procedente de Jaen, Samoa, nos hizo fotos y videos en el puente,
cantando nuestra canción. Le encantó y se rió un buen rato con
nosotros, Por su simpatía la nombramos Madrina de ese día. El
resto del tiempo en esa localidad lo pasamos visitando la Iglesia
de Santiago y en la plaza del pueblo nos tomamos unas cervezas que
nos sirvió con simpatía y gracia, Jesús, hijo de José y María,
un tío simpático donde los haya.
Volvimos
al camino y tras otras subidas y bajadas infernales, con rampas que
daba miedo, llegamos a Estella. Comimos de nuevo al lado del Río
Arga y a buscar albergue. Nos quedamos en el “ Hospital del
peregrino “. Ducha, pequeño paseo y el cansancio nos echó a
dormir pronto para recuperar fuerzas. Conocimos a Nina, una
brasileña, preciosa y simpática.
Día
20.
3ª
Etapa: ( Estella – Logroño )
Descripción
Recorreremos
los variopintos veinte kilómetros que separan Estella de la
localidad de Los Arcos entre olivos, zonas boscosas, desérticas e
incluso abandonadas. El único desafío que tendremos que afrontar
será la subida a Villamayor de Monjardín y, en algunos puntos, la
ausencia de lugares donde resguardarnos.
Vamos
en busca de la famosa fuente del vino de Irache, pero antes de llegar
a ella debemos dejar atrás otra fuente en donde se señala la
localización del albergue de esta localidad. Descenderemos hacia la
carretera nacional de nuevo para, tras un pequeño tramo, saciar
nuestra sed y brindar con nuestros compañeros de viaje en uno de los
dos grifos de carácter gratuito. La elección es nuestra, de uno
brota agua fresca y del otro mana vino de las propias bodegas de
Irache.
El
Camino prosigue un poco más adelante, presentándose ante nosotros
dos opciones: la primera, algo más corta y de frente, cruza las
laderas de Montejurra por una zona boscosa hasta Luquin y la segunda
discurre por el ramal de la derecha hasta Azqueta y Villamayor de
Monjardín. Justo
antes de alcanzar la cima de Villamayor de Monjardín podremos
refrescarnos en la Fuente de los Moros, aljibe que desde el siglo
XIII sacia la sed de los peregrinos que ascienden a esta cumbre.
Despedimos
la villa medieval entre viñedos y repechos descendentes que dan paso
a pistas infinitas sobre los campos de labradío y carreteras
secundarias. Son algo más de dos horas en las que debemos armarnos
de paciencia, ya que el paisaje puede resultar algo monótono.
Tan
sólo una hora y media nos separa de Los Arcos, localidad a la que
accedemos por su calle Mayor. En la plaza de Santa María hacemos
un pequeño descanso , tomamos
un café y visitamos
la iglesia del mismo nombre
.
Nos
despedimos de la comunidad foral de Navarra para adentrarnos en La
Rioja, cuna de los considerados mejores vinos del país. Trayecto
repleto de continuos
repechos, pero ya tenemos al alcance de nuestras manos la ciudad de
Logroño y su caudaloso río Ebro, el primer gran río del Camino.
Debemos
cruzar de nuevo la carretera, viendo a continuación unas naves que
están justo en el límite entre La Rioja y la comunidad Navarra. A
partir de aquí, descenderemos hasta el río Ebro, el cual cruzaremos
por un primitivo puente de piedra para emprender los últimos metros
del camino por la Rúa Vieja hacia la ciudad de Logroño.
Anecdotario:
Salida
a las 9 h., habíamos aprovechado bien la noche. Desayunamos en el
albergue y tras las dos etapas anteriores, por camino, decidimos
hacer ésta por carretera, a pesar de que Enrique insistía una y
otra vez que no tiene nada que ver el hacerlo por camino que por la
carretera.
La
primera parada obligada nada más salir de Estella fue en las Fuente
del vino, de las Bodegas Irache. Como era a primera hora, todos los
peregrinos que salíamos paramos en la fuente. Estaba a tope, cada
uno bebiendo un trago para probarlo y otros vaciando la cantimplora
de agua y rellenándola de vino. Nosotros no bebimos ninguno, me
imagino porque habíamos desayunado hacía unos momentos. Aunque
Amalio, se quedó con ganas y le fue pesando durante toda la etapa.
Cambíamos
de paisaje, de cereales a viñedos. Por cierto tremendamente bien
cuidados. En la carretera nos encontramos con un matrimonio Belga y
un amigo. Hicimos una parada conjunta y algunas fotos. Eran muy
simpáticos y llevaban la etapa muy bien organizada. Nos dio un
poquito de envidia. Pues nosotros fuimos un desastre en ese sentido.
De hecho, Amalio se perdió durante un momento porque se tiró por
otra carretera. Rápidamente se subsano la pérdida.
Llegamos
a Los Arcos, hicimos una visita turística por el pueblo y sus
monumentos más importantes. Estaban de fiesta, por la tarde había
suelta toros por las calles y los mozos del pueblo que aun no se
habían ido a sus casa tenían una buena tajada y ganas de cachondeo.
Allí nos volvimos a encontrar con Nina, Le dio mucha alegría.
Entramos
en Logroño por el puente del rio Ebro y justo a la salida, hacia la
derecha estaba el albergue municipal en pleno barrio histórico de
Logroño. Tras hablar con Manolo, hermano de Pedro, mi yerno, y
aposentarnos en el albergue, nos fuimos a comer de menú al Bar
Moderno, famoso en Logroño por su antigüedad.
Un
rato de digestión, hicimos la colada y nos fuimos a tomar café a la
plaza de la Catedral, donde habíamos quedado con Manolo. Pasamos un
rato muy agradable con él. Pues nos hizo un “ free tour “ por
la ciudad, visitando los lugares más notables, incluida la plaza de
“ los huevos del Espartero “ . Posteriormente , nos llevó a la
zona de las tapas, la calle Laurel y San Juan, donde degustamos los
encantadores vinos de Rioja, uno de crianza que estaba riquísimo y
otro joven que no le andaba a la zaga, con sus respectivas tapas,
todas ellas riquísimas. Desde aquí nuestro agradecimiento a Manolo
por el rato que nos hizo pasar. Él se tuvo que marchar para atender
a sus hijos y nosotros seguimos un rato más degustando tapas. Vimos
al gaditano con Nina paseando por las calles de Logroño. ¡ Qué
buena pareja hacían ! No sabemos como terminarían la
noche...jajaj..
A
la vista de la hora, cenamos unas raciones, de nuevo en el Bar
Moderno con otra buena copa de vino. Bueno Celestino se tomó su
zumo,. El camarero decía “ pero hombre como vienes a Logroño a
tomar zumo “. Mientras cenábamos, vimos el partido de la final de
la Euroliga de baloncesto entre Madrid y CSK de Moscú. Faltando
tres minutos para terminar nos tuvimos que marchar al albergue porque
se cerraba. Dormimos más o menos bien y se acabó la tercera etapa.

Día
21
4ª
Etapa. ( Logroño – Belorado )
Caminamos
sobre pendientes de carácter moderado, rodeados de viñedos y
árboles coloridos llenos de fruta. Cruzaremos por multitud de
pueblos vinculados al Camino, para alcanzar el municipio de Nájera,
denominación heredada de los árabes, Náxara,
que significa “lugar entre peñas” o “lugar al mediodía”.
Fue aquí donde Sancho III dispensó en el siglo XI el conocido fuero
de Nájera, situando a esta localidad como uno de los primeros fueros
de España y constituyendo las bases de la posterior legislación
navarra y del derecho nacional. Esto contribuyó notablemente al
desarrollo de la ciudad, convirtiéndola en punto clave del Camino a
Santiago.
A
través de un cómodo paseo, caminamos a la sombra de sus árboles
durante unos dos kilómetros para llegar a otro parque, en este caso
el de la Grajera. Es la zona perfecta para tomarse un pequeño
descanso a la vera del embalse, del mismo nombre, construido en el
siglo XIX para acumular el agua procedente del río Iregu y regar los
terrenos colindantes, siendo una de las pocas zonas húmedas de toda
la Comunidad.
Casi
sin darnos cuenta ascenderemos al Alto de San Antón, desde donde
podremos vislumbrar el valle arcilloso de Najerilla, a algo más de
veinte kilómetros de Nájera. Descenderemos dejando atrás las
bodegas de vino de Dinastía Vivanco para salvar la N-120 a través
de un paso subterráneo. Llegamos entonces al cerro donde se emplaza
una de las más famosas historias del Camino (donde actualmente hay
un repetidor de telefonía): la batalla entre Roldán y el gigante
Ferragut, en el Poyo (colina) de Roldán. La leyenda dice que en el
castillo de Nájera vivía un fuerte e inmenso gigante descendiente
de Goliat. Un día, estando el gigante sentado a las puertas de su
castillo, Roldán lo divisó desde la colina y le tiró una piedra
que pesaba dos arrobas (unos veintidós kilos). Esta impactó en la
frente de Ferrugat, derribándolo estrepitosamente.
Nos
ponemos en marcha para dirigirnos hacia la siguiente localidad mágica
del Camino: Santo Domingo de la Calzada, donde según la leyenda se
obró el milagro del gallo y la gallina. Esta novena etapa discurre
entre extensos campos de cereal y zonas agrícolas, y es junto con la
anterior, una de las más largas del Camino Francés. Pero esto no
supondrá un problema para los ya experimentados peregrinos, porque
la ruta jacobea nos recompensará con bellos paisajes y de nuevo
mágicas historias.
Estamos
dejando atrás La Rioja y los campos de cereal típicos de Castilla
nos lo demuestran. Nos quedan por delante unos duros kilómetros
donde, la ausencia de servicios y a través de senderos sin sombra
alguna, nos hará desear aún más si cabe llegar a nuestro destino.
Un merendero nos servirá para recomponerse y poder proseguir en
buenas condiciones hacia Cirueña, tras haber bordeado un campo de
golf y un área residencial de nueva construcción.
Tras
un tranquilo paseo entre campos de cereal vislumbramos por fin la
majestuosa catedral de Santo Domingo de la Calzada, declarada...............Bien de Interés Cultural, fue construida sobre una primitiva iglesia
románica en el siglo XII, predominando una amalgama de estilos
arquitectónicos (desde el románico hasta el barroco o gótico).
Frente al sepulcro, podremos rememorar la leyenda del gallo y la
gallina. Según crónicas populares, en el siglo XIV una joven
riojana se enamoró de un peregrino alemán que se hospedaba con sus
padres en una posada, pero esta es rechazada. Por despecho, coloca
una copa de plata entre sus pertenencias y posteriormente lo acusa de
robo. Como respuesta, el muchacho es condenado a la horca pero, tras
ser ajusticiado injustamente, abre los ojos y les dice a sus padres
que está vivo gracias a la gracia del Apóstol. Cuando sus
progenitores se disponen a comunicárselo al regidor, el cual estaba
comiendo en ese mismo momento unas aves asadas, este proclama:
“vuestro
hijo está tan vivo como este gallo y esta gallina que me disponía a
comer antes de que me importunarais”.
Inmediatamente después, las aves salen cantando y volando del plato,
dejando a todos los presentes petrificados. Así nació el dicho de
“en
Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de
asada”.
Dejamos
atrás los viñedos de La Rioja para dar paso a los extensos campos
de cereal de Castilla y León. Al igual que en el día de ayer, no
tendremos que salvar grandes desniveles, pero sí que algún que otro
cruce peligroso por carretera. Cruzaremos por varios pueblos bien
abastecidos que nacieron a la vera del Camino para llegar a Belorado,
al abrigo de la Sierra de la Demanda.
Anecdotario
Salimos
a las 8.30 h. Ya se habían marchado los caminantes. Siguiendo las
conchas colocadas en el suelo que nos indica la dirección,
reanudamos el camino. Antes de salir de la ciudad paramos a desayunar
en una cafetería – pastelería que tenía buena pinta. Unos
guardia civiles que también estaban desayunando allí nos indicaron
por donde salir.
Para
no ser menos que en las anteriores, empezamos con una subida hasta
llegar al pantano de Grajera, un embalse y un paraje repleto de
árboleda para la expansión de los riojanos.. Allí nos paramos a
hacer unas fotos y se nos unieron dos mejicanos, Gerardo, un tío
cachondísimo y Jaime, un médico de urgencia pero menos cachondo que
su compañero, aunque también tenía su punto. Ambos vivían en
EEUU , en Texas y se conocían por sus mujeres que eran amigas,
Susana y Paula.
Continuamos
camino entre maravillosos viñedos, cuidados con esmero como lo
estaban hacíendo unas trabajadoras, “ la poda en seco “ , que
consistía en dejar sólo dos sarmientos para que la uva fuera de
mayor calidad. Disfrutamos a rabiar con los impresionantes viñedos.
Enrique , como siempre, tenía ganas de hacerse una foto en medio de
un viñedo. Así es que aprovechando uno, fantástico, nos hicimos la
foto con “ Shang Huichan “, para nosotros Mari Trini. Fue
nombrada madrina del día.
Seguimos
entre viñedos y parajes preciosos. Cada vez se hacía más espeso de
vegetción el camino, llegaron algunas rampas y en una de ella a la
sombra de la arboleda nos encontramos con un cantante, cantaautor o
canta camino...un tío curioso que decía llamarse VISER, Vida y ser.
Tenía una filosofía de vida que poco encaja en las mentes
materialistas y aferradas al dinero de la actualidad. Cantamos y
bailamos al son de su guitarra. Gerardo, el mejicano nos hizo un
vídeo que merece la pena verlo. Mientras grababa se partía de risa.
Fueron momentos mágicos para la historia. Nosotros, como no podía
ser menos le cantamos nuestro himno y la canción dedicada a Santa
Amalia. En ese momento nos comentó que él había estado por Zafra y
Almendralejo y que le encantaba Extremadura.
Continuamos
el camino y llegamos a Najera. Atravesamos el rio Najerilla y nos
adentramos en el pueblo para conocerlo. Una vuelta rápida y en la
ribera del río nos tomamos unas cervezonas con los mejicanos que nos
sentó de mil maravillas. Jaime nos ofreció algún reconstituyente
para coger energía. De nuevo volvimos a coincidir con Nina, la
brasileña, chica encantadora donde las haya.
Continuamos
el camino con Gerardo, pero nos abandonó en Cirueña. Pues ellos
tenían reservado allí para quedarse. Nosotros continuamos hacia
Santo Domingo de la Calzada. Al llegar un señor, muy agudo, nos
indicó que si queríamos dejar las bicis, él tenía un espacio para
ello. Pero a cambio había que comer en el Restaurante donde él
había sido cocinero. Así lo hicimos, La comida fue exquisita,
casera, de primer plato podías elegir entre caparrones ( me los
había recomendado Manolo en Logroño ), son unas judías negras que
estaban riquísimas, patata a la riojana y ensaladas. Cada uno
eligió lo que quiso. De segundo plato comimos secreto, bacalao y
pollo. Nos pusimos como “ el tio Quico “. Pero quién continuaba
la marcha después de tan suculenta comida ?. No obstante, como nos
encontrábamos fuertes físicamente decidimos seguir, no sin antes
pasar por la concatedral para ver si cantaba el gallo y la gallina.
Estaba cerrada y continuamos. Perdidos por aquellos parajes llegamos
a Grañón , un pueblo pequeñito a la salida para Belorado, donde
una madrileña que leía y hacía reflexión, nos hizo una foto de
recuerdo.
Llegamos
al Albergue “ El corro “ de Belorado, mediocre. Le dimos de nota
un seis. Pero descansamos muy bien porque los kilómetros de la
cuarta etapa habían hecho mella en nuestras piernas.
Día
22
5ª
Etapa . ( Belorado – Hontanas )
Descripción:
La
etapa de hoy
transcurre
entre paisajes de montaña y solitarios caminos donde poder
desconectar y abandonar a nuestros pensamientos. Al principio
transcurre sin apenas repechos entre pequeños pueblos típicos del
Camino, y luego comienza desde Villafranca a ascender a los Montes de
Oca. Este
ascenso transcurrirá por los conocidos como Montes de Oca, entorno
de gran belleza pero que supondrá un tramo complicado dadas sus
subidas rompepiernas. Se considera a estos montes el paso natural
entre las planicies de los valles riojanos y la meseta burgalesa,
atravesando el Sistema Ibérico. En la antigüedad, además de la
dificultad intrínseca de sus fuertes pendientes, los peregrinos
tenían que hacer frente también a los malhechores que acechaban en
los matorrales dispuestos a robarles sus pertenencias. Hoy en día,
la soledad de estos bosques invita a desconectar y a disfrutar del
paisaje, lleno de hayas, robles y fresnos.
Continuando
a
través de una pista forestal, pasamos por un monumento a los caídos
en la Guerra Civil Española y gracias a un pequeño puente
sortearemos el río Catarrón. Debemos hacer un último esfuerzo para
ascender al Alto de la Pedraja, a unos 1.150 metros
Tan
sólo los árboles y el murmullo del viento nos acompañarán en este
tramo con vistas ya a San Juan de Ortega.
En
esta etapa de algo más de veinticinco kilómetros transcurriremos
por terreno prácticamente llano, típico de las tierras de Castilla.
El trazado original no cruza Atapuerca pero aquellos peregrinos que
deseen visitar los yacimientos tienen a su disposición una variante
señalizada.
La
subida a Atapuerca no es muy pronunciada pero el firme puede jugarnos
una mala pasada. Coronaremos la zona más alta de esta etapa en la
Cruz de Madera, desde donde podremos apreciar toda la llanura
castellana hacia el sur y hacia el otro lado nuestro objetivo de hoy:
Burgos. Fue esta llanura la que presenció la batalla de Atapuerca,
que decidió la distribución del territorio español del siglo XI.
Siguiendo
el tramo industrial que da acceso a Burgos, nos desviamos por un
paseo fluvial para luego enlazar con la ruta tradicional en la ciudad
bañada por el río Arlanzón.
Ya
estamos a las puertas de la
ciudad,
lugar donde se asienta la impresionante catedral de Santa María de
Burgos, del siglo XII y de patrón claramente gótico. Alberga
tesoros de incalculable valor, arquitectónicos, pictóricos y
escultóricos, así como el sepulcro del mismísimo Cid Campeador.
Abandonamos
la ciudad despidiéndonos de su seña de identidad, la catedral de
Santa María, por la calle Fernán González, situada en su parte
posterior. Tal y como hacían los peregrinos medievales, cruzamos la
puerta de San Martín para salir del antiguo recinto amurallado. Este
arco también recibió el nombre de Puerta Judadera, ya que tras él
se encontraba el barrio judío burgalés.
Tras
pasar por Hornillos del
Camino entre sendas interminables y la única sombra de nuestra
bicicleta aparece
la
cruz de Santiago nos animará a continuar hacia San Bol, localidad
por donde no discurre la ruta pero cuyo desvío está a escasos
metros. Si proseguimos, ascenderemos por una senda pedregosa,
cruzaremos una carretera y nos internaremos en un sendero que nos
llevará a Hontanas, oculta entre valles.
Anecdotario:
Al
salir de Belorado, Celestino tuvo algunos problemas con su equipaje,
pero se solucionó con prontitud. Ya tenemos delante de nosotros
verdaderas extensiones de campos de cereales, otra bellleza más de
los diversos entornos del camino.
A
los pocos kilómetros de salir , en una fuente donde paramos todos
los peregrinos y bicigrinos a repostar nuestros bidones, a un chino
se le cayó el móvil al beber agua. Pero no hizo ningún gesto que
determinara su contrariedad y la intención de cogerlo. Medimos con
un palo la profundidad de la fuente y un chico belga se quitó la
camiseta y consiguió coger el móvil. Luego vimos al chino por el
camino y Enrique se lo dijo por si quería recuperarlo.
Más
adelante a la altura del siguiente pueblo, Espinosa del camino, nos
encontramos con un señor italiano de 76 años y su hija, que iban
en bicicleta haciendo el camino de Santiago. Aunque con bastante
sacrificio, este señor, Ovidio , conseguía subir las más crueles
de las pendientes. Nos paramos con ellos y echamos un rato muy
interesante.
Comenzamos
a subir los Montes Oca entre un bosque y un camino de ensueño, digno
del mejor cuento de aventura., pasamos Villafranca y desde un
mirador observamos la maravilla de los Montes Oca y sus espesos
bosques de robles. Unos metros de descanso a las piernas y por fin,
tras una larga y dura subida, conseguimos llegar al Alto de la
Pedraja de 1140 metros de altura.. Fue un momento importante para
rememorar la historia reciente de España, la cruel y horrible guerra
civil. Leyendo las textos que hay en el monolito y viendo la fosa
común de los fusilados en ese lugar, los pelos se ponen de punta y
hace pensar la dureza de la guerra y lo que hemos conseguido en
pocos años, la democracia y la libertad.
Pasado
el punto más alto de la etapa, pensábamos que ya se habían
terminado las cuestas , pero no entre un robledal inmenso cargado de
brezos a un lado y a otro del camino teníamos una nueva subida,
corta, pero infernal. Me tuve que bajar de la bici, y Enrique vino a
ayudarme porque apenas podía subir la bici por esa pendiente.
Posteriormente tuve que hacer yo lo mismo con una chica alemana,
simpática que apenas entró en la pendiente, se bajó de la bici.
Bajé a ayudarla y jamás he visto una persona más agradecida. Nos
hicimos una foto de recuerdo, censurada durante algunos días por
Enrique, que representa los valores más dignos del camino, la ayuda
y la solidaridad.
Una
vez pasada las duras pendientes entramos en un camino más llano,
donde estaban cortando árboles de robles y pinos. Nos llamó la
atención un montón de troncos apilado y rememorando de nuestro
subconciente nuestros orígenes de simios, nos subimos encima de
ellos. Nuestra curiosidad se quedo eternizada en una foto que nos
hizo el Chinito de Hon Kong.
Más
tranquilos y sosegados llegamos a San Juan de Ortega, donde la
mayoría de los peregrinos hacen su parada para repostar, tomar algo
o comer. Nosotros decidimos tomarnos unas cervezas. La terraza estaba
muy animada. Enrique , como siempre, se entrometió con un matrimonio
canario,...de Gran Canaria , y su cuñada. Eran aparentes de verdad y
allí casi sin pensarlo formamos otro de los momentos más emotivos
del Camino. Comenzamos a cantar lo nuestro, los canarios rápidamente
se unieron a nosotros. Cantaron el estribillo y al final resonaban
los aplausos en toda la terraza y alrededores. Tal fue el momento de
euforia, que decidí, en plan de broma, pasar la gorra entre el
público presente. Fue también momento mágico. Los canarios nos
hicieron un video y prometieron acudir a nuestro blog de los
Ciclozumos. Luego nos volvimos a encontrar y el saludo era, ademas de
la típica frase“ buen camino “, el estribillo de “ resistiré
“. Qué bien lo pasamos.
Tras
la subida de Atapuerca, decidimos coger la ruta alternativa para
entrar en el museo. Cuando llegamos había chicos de distintos
Institutos de la zona y de Madrid. Lo cierto es que recorrer el museo
es una buena lección de historia para los chavales y para nosotros.
Como niños disfrutamos y durante unos minutos nos convertimos en
personajes de la prehistoria, sintiendo sus viviendas , sus formas de
vida y cogiendo los utensilios que utilizaban para la supervivencia.
La
llegada a Burgos, como siempre un poco caótica, por el tráfico.
Entramos por el barrio de Gamonal, calle Vitoria, otrora recorrida
por mí cuando vivía mi hermana Marisa por aquellos Lares. Nos
fuimos al centro Comercial de Alcampo para comprar las viandas de la
comida y en un paraje cercano nos pusimos a comer.
Siguiendo
el Río Arlazón, por el Espolón, llegamos a la impresionante
Catedral, cuna y representante del más puro gótico de España. En
la explanada de la catedral conocimos a dos monjitas Neocelandesas,
Josefina y María, simpáticas y guapas. Entablamos con ella
conversación y las propusimos que nosotros le cantábamos nuestro
himno y ellas nos cantarían después algo a nosotros. Así lo
hicimos. Pero lo mejor, fue su canción, con voz angelical,
preciosa, nos cantaron una canción a su Madre María, - no podía
ser menos, - en su idioma autoctono , el MAORI. Fue espectacular.
Otro momento para el recuerdo.
La
salida de Burgos no tiene nada que ver con la entrada (por polígonos)
ya que es hermosa e invita a continuar el camino.
De
Hornillos del Camino hasta Hontanas: es un tramo de ascenso y que
además cuenta con el piso desfavorable para el peregrino: piedras,
irregularidades. Hontanas parece que no llega nunca, a esto
contribuye el hecho de que la localidad se encuentra en una depresión
y a que una señal informa de que Hontanas está a medio kilómetro
cuando realmente queda kilómetro y medio.
Llegada,
por fin al albergue, por cierto muy bueno. Lavamos las bicicletas y
dejamos el engrase para la mañana siguiente. Cena y a la cama.
Día
23
6ª
etapa: ( Hontanas – Sahagún )
Descripción.
Fiel
reflejo de la etapa anterior, en el día de hoy seguiremos por
infinitos senderos rodeados de campos de cereal; sin un solo árbol a
la vista donde resguardarse del sol o del frío y la lluvia. Dejamos
Hontanas
a lo grande, por su calle Mayor. Deberemos cruzar una carretera para
tomar una senda de tierra a mano derecha, la cual seguiremos durante
algo más de cuatro kilómetros hasta toparnos de nuevo con el
asfalto. Por
la carretera P-4311, carretera tranquila aunque con ausencia de
arcen, llegamos al
Monasterio de San Antón, hoy un albergue privado, nos
espera unos metros más adelante el municipio de Castrojeriz.
Inicialmente, este convento fue el palacio del rey Pedro I de
Castilla, pero poco tiempo después fue cedido a la orden de los
antonianos.
Tras
esta visita obligada, abandonamos el pueblo volviendo a la carretera
p-4311 para llegar primero a Mota de los judios y posteriormente a
Lantadilla. Aquí se produce un error de programación . En lugar de
ir a Frómista y el Canal de castilla, cogemos dirección a Osorno.
La lluvia y la falta de programación nos causó una mala pasada. Así
es que desde Osorno y por indicación de los lugareños, cogimos la
A-231 para llegar a Carrión de los Condes. Nos perdimos una parte
bonita y misteriosa del camino de Santiago. O, a lo mejor lo hicimos
para tener que volver el año que viene. ¡ Quién sabe ?
Salimos
de Carrión con la solitaria compañía de los chopos, tendremos que
recorrer otros cuatro kilómetros más para llegar al primer alto de
hoy: Calzadilla de la Cueza, donde suele ser parada obligatoria para
comer algo o comprar víveres.
Pisamos
momentáneamente asfalto para volver a la senda paralela a la
carretera nacional hasta un área recreativa donde se nos presentan
dos opciones: continuar por la nacional hasta Lédigos, tras cruzar
la carretera y tomar un desvío hacia la derecha, o abandonar esta
vía para adentrarnos en una pista que, tras girar a la izquierda
después de superar el área recreativa, enfila hacia una iglesia
parroquial. No existen grandes diferencias entre ambas alternativas,
ni de kilometraje ni de dificultad.
El
asfalto nos dirigirá hasta una pista, donde los extensos campos de
cereal nos acompañarán hasta nuestra llegada a Moratinos.
Proseguimos hacia Sahagún, paralelos de nuevo a la carretera
nacional 120. Por fin llegamos al centro geográfico del camino de
Santiago
Anecdotario.
Fue
la etapa más larga, tediosa, complicada y fantasma de cuantas
hicimos en el Camino. Pero hasta eso tiene su encanto. Tras el
engrase de las bicicletas, por cierto que nos lo agradecieron mucho y
con una climatología cambiante, pues podía pasar de todo, salimos
de Hontanas dejando
atrás el burgalés Puente de Fitero sobre el río Pisuerga. Ya en
Castrojeriz se evocan los recuerdos de la época de la maligna
enfermedad gangrenosa del fuego de San Antón que la Orden de los
Antonianos curaban milagrosamente.
Camino
de Mota de los Judios, se produce lo que temiamos, comienza a llover
y debido a la intensidad de la lluvia nos adentramos en el pueblo,
muy pequeño, debajo de unos soportales donde un señor mayor se
brinda a ayudarnos.
No hay ninguna tienda donde comprar un impermeable y
algo para resguardar las zapatillas. Así es que él se marcha a su
casa y vino cargado con bolsas de plástico para cubrir las
zapatillas y algunas grandes que nos sirviera de impermeable. Yo me
puse mi pantalón
impermeable y mis cubre zapatillas y cuando parecía que escampaba,
nos pusimos en carretera. Pero lo cierto es que era incómodo y
difícil
seguir en esas condiciones.
Al
llegar a Lantedilla le indique a Enrique que teníamos que seguir
dirección Frómista, pero entre la lluvia y la poca planificación
que habíamos hecho de la etapa, continuamos por la
P-4311
hacia Osorno, donde volvimos a intentar la compra del impermeable.
Por fín lo conseguimos. Mientras Amalio y Celestino hacían esas
compras, entramos en un supermercado para reponer fuerzas con unos
dulces que nos sentó a gloria. Mientras tanto un amable pescadero
nos informó del itinerario que teníamos que seguir a partir de ese
momento y nos contó que él también
había hecho el camino, pero a caballo.
Siguiendo
las instrucciones del pescadero, cogimos la A-231, para seguir la
dirección hacia Carrión de los Condes, dónde nos volvimos a
encontrar con el camino y con los caminantes. Hicimos una visita
turística a la localidad y decidimos comer de menú en el
restaurante La Corte. Aparcamos las bicis en el patio del
restaurante. Nos metimos “ pal chaleco “ un menú muy bueno, con
un segundo plato a base de codillo al horno. Estaba exquisito.
Pero
luego lo pagamos con crece , con el sopor de la digestión
continuamos por los verdes cereales y las largas rectas. Creo, sin
temor a equivocarme que hicimos la siesta, en el amplio sentido de la
palabra, montado en la bicicleta. Tras varios kilómetros y un sueño
de mil demonios llegamos a Calzadilla de la Cueza, llamada así por
el río Cueza. Por cierto este río lo atravesamos en muchas
ocasiones. Se parece a nuestro río Rueca.
Entramos
en el pueblo a saludar a la dueña y una socia. Ni una ni otra se
encontraban en ese momento. Nos tomamos un café para espabilarnos y
continuamos camino, dejando Palencia atrás y metiéndonos en León.
La pesadez del camino y las piernas después de 106 kms, nos pedía
descanso y llegar cuanto antes a Sahagún. Accedimos
al casco urbano dirección a la calle Ronda de la Estación, tras
cruzar por un paso elevado sobre la vía del tren, llegamos al
albergue Viatoris.
Bien de instalaciones, pero un poco inhóspito.
Nota 6. Salimos
a comprar algo para la cena, y a dormir a pierna suelta.
Día
24
7ª
Etapa: ( Sahagún – Villadangos del Páramo )
Descripción:
Palencia
nos da paso ya a la provincia de León, por la cual discurre la mayor
parte del Camino Francés, nada más y nada menos que doscientos
quince kilómetros. Tras superar Sahagún el Camino se bifurca,
ofreciéndonos dos alternativas para llegar finalmente a El Burgo
Ranero, parando previamente en Bercianos del Real Camino.
En
este caso, los árboles nos proporcionarán sombra y cobijo por la
senda que discurre paralela a la N-120. Unos cuatro kilómetros más
adelante es conveniente prestar atención a una bifurcación que
puede dar lugar a error, debemos de dirección Bercianos, no tomar el
desvío a Calzadilla de los Hermanillos. Continuaremos por una senda
elaborada especialmente para los peregrinos durante algo más de
treinta kilómetros. Tan sólo unos kilómetros más y entraremos ya
en Bercianos del Real Camino, donde una fuente con agua cristalina da
paso a su calle Mayor.
Retomaremos
la senda de tierra paralela a la carretera entre campos de cereal y
alguna que otra área recreativa, pero sin toparnos con núcleos
habitados hasta al menos diez kilómetros desde El Burgo Ranero,
localidad que alcanzamos tras unos siete kilómetros de caminata
desde Bercianos del Real Camino.
Seis
kilómetros nos separan de Mansilla, tal y como recoge el refranero
popular: “la legua bien medida, de Reliegos a Mansilla”. Cruzamos
la N-601 y un canal de riego para entrar de lleno en la amurallada
Mansilla de las Mulas, situada en un valle bañado por el río Esla.
Accederemos al núcleo urbano como los antiguos nobles, por la Puerta
del Castillo; Es en este punto donde confluyen la ruta jacobea y la
antigua calzada romana. Fue un enclave muy importante ya desde el
siglo XII, ya que suponía un punto estratégico para los intereses
reales y la defensa de las ciudades de Oviedo y León.
Tras
tomar esta pista, pasamos por el canal de Arriola y posteriormente
salvamos la autovía por un túnel para seguir de frente y alcanzar
Arcahueja. Pasaremos de nuevo por otra área de descanso, en este
caso la de Valdelafuente y, tras dejar a mano derecha un cementerio,
giramos a mano izquierda en el cruce.
Nos
adentramos así en el polígono industrial de
León
situado a las afueras de la ciudad, circulando por una pasarela
peatonal para evitar la carretera nacional. Aún tendremos que cruzar
por Puente Castro, barrio periférico separado de la ciudad por el
río Torío, el cual traspasamos para tomar la avenida Alcalde Miguel
Castañón. Así llegamos a la plaza de Santa Ana, donde
continuaremos por la calle Barahona y Escurial y
llegamos a
la plaza de Santa Ana, viéndonos recompensados en todo caso por la
majestuosidad y belleza de la ciudad leonesa.
Abandonamos
León por el Parador de San Marcos, en cuyas inmediaciones se
encuentra el río Bernesga, pasando antes por la Real Colegiata de
San Isidoro. Por cierto muy parecido el entorno a los Jerónimos de
Lisboa.
Anecdotario:
Con
buena climatología salimos de Sahagún por camino. La carretera nos
había quemado el día anterior. Gran parte del camino de esta etapa
va paralelo a la carretera. Salimos a las 8h., con intercambios de
emociones con tres ciclistas portugueses de Coimbra, nos hicimos una
foto en la puerta del albergue y nos deseamos Buen camino.
Etapa
llana con algunos montículos aislados, pero muy animada de
caminantes y bicigrinos. A las dos horas de salir hicimos una parada
en un descansadero del camino con sus mesitas incluidas y allí
conocimos a dos italianas de Venecia, una joven, Mikela y otra mayor
y jubilada, Ana Mari,….Enrique con la discreción y el desparpajo
que le distingue le preguntó si era su madre. Noooo, había sido su
compañera de trabajo. Mikela era una chica encantadora y muy
habladora. Hicimos “ buenas lias “ con ellas y pasamos uno de los
buenos ratos del camino. Como suele suceder le contamos nuestra
historia ciclozumera y le cantamos nuestro himno. Se lo pasaron
fenomenal, foto y video incluido, nos despedimos de ellas hasta el
próximo año. Para ellas terminaba su aventura en León con mucha
pena, pero con mayor gloria. Decían que al próximo año vendrían a
terminarlo. Fue un momento mágico más de nuestra andadura.
Por
fin llegamos a Mansilla de las Mulas, accedemos por la puerta del
castillo y llegamos a la plaza del Ayuntamiento, donde nos hacemos
algunas fotos para el recuerdo y reanudamos la marcha por esos
caminos largos e interminables, donde volvimos a tener otro momento
de jolgorio con cuatro coreanas, nos selfiamos y nos despedimos de
forma muy alegre con el grito de Viva Corea por parte nuestra y viva
España por parte de ellas.
Al
llegar a León, nos desviaron por obras en la carretera hacia un
camino empinado y toruoso. La baja fue infernal, yo, como es habitual
en mí, el último y con más miedo “ que siete viejas “. Por fin
entramos en León y llegamos a la plaza donde contemplamos tres
momentos de la historia, el Museo Medieval, el Mueso Gaudí y la
Catedral. Coincidimos con una manifestación de pensionistas
protestando por las pensiones... En la plaza de la catedral, bajo el
rótulo con las letras que componen la palabra LEON, “ abarrotá “
de gente cantamos nuestro himno que retumbaba en todas partes.
Llamamos la atención a cuantos viandantes pasaban y a los que
estaban sentados en la plaza. Tras nuestra canción recibimos el
mayor de los aplausos que habíamos recibido hasta ahora.
Pasamos
un buen rato en León, por el Barrio Húmedo, un lugar donde hay más
bares por metro cuadrado de toda Europa. Como algunos ya ´nos
conocían de la plaza, nos volvieron a pedir que les cantáramos.
Cuando les contamos nuestra historia como jubilados ciclozumos, se
quedaron maravillados y perplejos. Fueron ratos curiosos y llenos de
sensibilidad y ternura por parte de la gente. Al salir del barrio, un
grupo de jubilados con los que hicimos amistad, nos despidieron con
gran entusiasmo desde el bar donde tomaban unas copas.
Al
salir de León, en Mercadona compramos una empanada de atún y en las
afueras en un parquecito de una urbanización nos la comimos ante la
atenta mirada de una madre y su hijo. Intercambiamos conversación
con ellos y al retirarse se despidieron con un cariñoso Buen Camino.
Iniciamos
la jornada de la tarde con el sopor del día anterior, “ siesta
ciclil “. El camino era horroroso y paralelo a la carretera
nacional 120. Estuve a punto de tener un percance peligroso, se me
salio la rueda delantera del camino hacia una acequia que había a la
derecha. Pero se quedó en susto, me pude hacer con la bicicleta y la
rueda trasera la pude mantener en el camino.
Con
una amenaza imminente de tormenta, decidimos parar en Villadangos del
Páramo. Buscamos albergue, tuvimos habitación para nosotros solos.
Hicimos la colada, la cena y a descansar. Puntuación del albergue :
6.
DÍA
25
8ª
ETAPA: ( Villadangos del Páramo – Astorga )
Descripción
Retomamos
la pista paralela a la N-120 durante al menos otros ocho kilómetros,
hasta alcanzar Hospital de Órbigo. Al rato de emprender la marcha
por el ya conocido sendero próximo a la carretera. Seguimos de
frente y tras superar el canal de Cerrajera nos alejaremos un poco de
la carretera a mano derecha para aproximarnos ya a la vía provincial
que da acceso a Hospital de Órbigo.
Cruzamos
por lo tanto sin temor el puente que da acceso a Órbigo y
recorreremos de punta a punta su calle principal. Al llegar a su fin,
nos encontramos como en el día de ayer con dos opciones: continuar
de frente por la ya conocida pista de la N-120 o torcer a la derecha
y discurrir entre los pequeños pueblos de Santo Toribio y San Justo
de la Vega. Es probable que la primera alternativa no resulte muy
atractiva, dada la cantidad de kilómetros que hemos recorrido en
días anteriores por ella, por lo que lo más usual es desviarse a
mano derecha y poner rumbo a Villares de Órbigo. A cambio, tendremos
que caminar un par de kilómetros más. Esta pequeña localidad
cuenta con algunos servicios, como una farmacia o un bar donde
descansar, pudiendo visitar también su iglesia dedicada a Santiago
el Mayor. Salimos del pueblo por un sendero que asciende hasta
toparnos con una carretera local, muy cerca ya de Santibáñez de
Valdeiglesias.
Seguimos
por terreno llano durante un poco más hasta alcanzar el crucero de
Santo Toribio, excelente punto desde donde poder apreciar toda la
belleza de Astorga y el monte Teleno. Tendremos que descender de esta
cumbre para acceder a San Justo de la Vega, localidad adyacente a
Astorga. Aquí podremos encontrar múltiples establecimientos en su
calle Real.
Deberemos
cruzar por una pasarela sobre la vía ferroviaria para afrontar los
últimos metros antes de entrar en la ciudad, tras una rotonda
decorada con su nombre romano, Asturica Augusta. Subimos hacia la
calle Perpetua Socorro y nos desviamos a mano izquierda, para poder
visitar la plaza del ayuntamiento.
Anecdotario:
Salida
del Albergue de Villadangos del Páramo con un tiempo dudoso. Nubes
grises presagiaban que podía ser una etapa pasada por agua. Una
kilómetros por camino y otros por carretera. Pero siempre nos
acompañaban los nubarrones grises que poco a poco iban inundando
nuestro cielo. Mirabas hacia arriba y parecía que hablaba la nube
diciéndonos, “ ciclozumos hoy no os escapáis, os vais a mojar y
surgirá la duda entre vosotros “.
Pasamos
por el primer pueblo Puente y Hospital de Órbigo, o del “ Passo
Honroso “ lugar mágico y entorno ideal para refrescar la historia
y la memoria. En este puente se han celebrado numerosas batallas
entre suevos y visigodos, y musulmanes y cristianos.
Más
adelante nos hicimos varias fotos con unas panorámicas de Astorga
muy interesantes, en una cruz y con la estatuas de unos peregrinos,
bebiendo y con el garrote de caminar. La entrada a Astorga tiene una
pendiente bastante pronunciada donde nos encontramos con nuestros
amigos “ Los coreanos, Bailamos el Chuan Chuan….son muy risueños.
Así
fue, a medida que nos íbamos acercando a Astorga comienza a llover,
cada vez con más intensidad, hasta que se convirtió en un gran
chaparrón. Refugiados en un soportal de la bella ciudad, comienzan
las dudas y las deliberaciones, mientras sucede esto nos ponernos el
traje de agua con las intenciones de seguir. Pero el agua no cesaba,
¿ por dónde tiramos por camino o por carretera ?. Por camino nos
parecía peligroso, pero aun más por carretera. Decidimos buscar
Albergue, pensar tranquilamente y tomar la decisión posteriormente.
El
Albergue le teníamos al lado del soportal donde nos habíamos
resguardado, así es que nos fuimos a inscribir, pero como era muy
temprano tuvimos que esperar bastante tiempo, hasta que Jesús, el
hospitalero nos dio la litera . Como teníamos mucho tiempo,
decidimos ver esa bonita ciudad y luego irnos a comer un cocido
maragato, la comida típica del lugar, Así lo hicimos pero el
dichoso cocido nos pareció muy caro , así es que decidimos comernos
un menú, más acorde a nuestras economías de bicigrinos.
En
la comida, seguimos deliberando sobre lo qué hacer. Los ánimos
estaban muy bajos y Celestino y Amalio optaban por coger un autobús
para casa. Enrique, siempre animoso, optaba que había que continuar
y a mí se me ocurrió ofrecer una propuesta transacional, que
abarcara las dos anteriores, pues la tarde seguía lloviendo con
ganas, que era hacer la próxima etapa en autobus hasta Piedrafita y
desde allí subir al Cebreiro y continuar el camino. Tras unos
momentos de reflexión y deliberación, a todos les pareció bien y
así lo hicimos.
Por
la tarde dimos un paseo turístico por la ciudad, intentamos entrar
en la catedral, pero costaba 3,5 euros y nos parecía un abuso.
Tomamos un chocolatito negro, fuimos a enterarnos de la salida del
autobús, precios y condiciones y a descansar. El albergue, muy bien.
Flore me dijo que preguntara por Susana, pero no estaba , se había
casado y vivía en Burgos. Puntuación : 7
Día
26
9ª
Etapa: Astorga – Triacastela
Ya
nos separan menos de doscientos kilómetros de Santiago de Compostela
y en el día de hoy abriremos las puertas de Galicia, concretamente a
través del puerto de montaña de O Cebreiro, asentamiento
prerrománico donde asomarnos a la comunidad gallega desde sus
famosas pallozas.
A
pesar de ser una subida pronunciada, las vistas en lo alto nos
devolverán las fuerzas perdidas, alentándonos a seguir un día más.
Entramos en O Cebreiro, parroquia enmarcada en los bellos parajes de
Los Ancares y lugar donde la leyenda sitúa la realización del
milagro de la Eucaristía. Además de sus singulares pallozas
podremos visitar la iglesia prerrománica de Santa María la Real.
Tras
la dura etapa de ayer hoy se nos presentan poco más de veinte
kilómetros entre las sierra de O Courel y Os Ancares. Podremos
respirar el aire más puro entre extensos y profundos valles repletos
de castaños, robles, acebos, fresnos, etc, así como de la
arquitectura y costumbres heredadas de la cultura castreña, una de
las más antiguas de toda Europa. Descenderemos entre este bello
paisaje hasta el valle que acoge a Triacastela, bajo la atenta mirada
del monte Oribio.
Nuestra
siguiente parada será San Roque, donde se sitúa una interesante
escultura de bronce que muestra la figura de un peregrino luchando
contra el viento, muy típico de esta zona dada la altitud a la que
nos encontramos.
Aún
nos queda otra dura subida, corta pero intensa, para coronar el Alto
do Pollo.
De nuevo, nos veremos recompensados por el impresionante paisaje a
nuestros pies, situándonos en el punto más alto del Camino
Francés en Galicia. A
partir de ahí comienza una bajada que nos dejamos hasta llegar
al valle y al pueblo de
Triacastela. Lugar de descanso y albergue del día.
ANECDOTARIO
El
día amaneció gris con lluvias intermitentes. Coincidimos que
habíamos tomado una buena decisión la de hacer esa etapa y media en
autobús y luego continuar en bicicleta desde Piedrafita. Lo primero
que hicimos, una vez que desayunamos, fue marchar a la Estación de
Autobuses con tiempo para embalar las bicicletas como nos habían
indicado. Compramos el papel de embalar en un chino al lado de la
estación y nos pusimos mano a la obra. Tardamos un buen rato pero el
trabajo había sido impecable. Habíamos adquirido una cierta
experiencia que nos serviría para las próximas ocasiones d e
embalaje.
Tras
una hora y pico de espera, por fin llega el autobús y con bastantes
dificultades conseguimos meterla en maletero. El conductor, un señor
latinoamericano, puso en marcha el autobús con intención de partir,
pero daba un fallo en el sensor de una puerta. Según su protocolo,
los fallos de esa naturaleza no les permite iniciar la marcha. Así
es que se puso a investigar dónde podía estar el fallo. Nosotros le
intentamos ayudar porque veíamos que cada vez estaba más agobiado.
Tras hora y media y sin haberlo conseguido, iniciamos el recorrido. ¿
Sería el problema debido a las bicis dentro del maletero ?. Nunca lo
sabremos. El conductor comunico por megafonía que se iniciaba la
marcha y que estaba todo controlado sin peligro alguno para la
integridad de las personas.
Llegamos
a Piedrafita, bajada y montaje de nuevo de las bicis y con las ganas
que traíamos de volver a pedalear, hicimos el Alto de Cebreiro con
brio y con la ilusión de volver a estar en el Camino. Fueron cinco
kilómetros duros y empinados, pero conseguimos llegar a esos 1300
metros de altura, donde nos “ enebramos “ una comida de homenaje
en casa Carolo. Comimos el menú del día, pero los platos elegidos
fueron recomendados por Amador, un eterno peregrino y cliente
habitual de ese establecimiento. Por cierto, las sopas de verduras,
típicas del lugar, estaban exquisitas.
Tras
la comida hicimos una visita al pequeño pero bello pueblo de
Cebreriro, su iglesia, sus pallozas,,,,paisajes espectaculares de El
Caurel a un lado de la carretera y los Ancares al otro. Creo que no
hay parajes naturales con esa belleza, Vinieron muchos recuerdos a mi
memoria de los distintos viajes que he realizado por esa zona.
Nos
ponemos en marcha y después de una bajada espectacular, subimos al
Alto de San Roque, 1270 metros de altura, donde como es costumbre nos
hicimos una foto al lado de la estatua de un peregrino cogiéndose el
sombrero para que no se lo llevara el viento. Bajamos un poquito para
volver a subir a Hospital, donde nos esperaba Carmen. Para mi fue el
momento más emocionante del Camino. Al bajarme de la bicicleta nos
fundimos en un abrazo sincero que duró unos pocos segundos. Por mi
mente pasaron en esos momentos tantos y tantos recuerdos que he
compartido con ella y con Luis, su esposo, fallecido hace un año. Mi
estado emocional se resintió y no pude resistir la sensación de
congoja. Me puse a llorar y eso me permitió sosegarme y poder hablar
después con Carmen, tomando un café que nos invitó en el mesón
donde habíamos quedado. Nos emplazamos para vernos de nuevo en
Santa Amalia y le anime que así lo hiciera. ¡¡Esos momentos no se
pagan con dinero, sino con amor y con cariño !!. Lo esencial es
invisible a los ojos, sólo se ve con el corazón.
Subimos
al famoso Alto del Pollo ( 1335 metros ) y según dijo Amalio cantó
el gallo. Fue una pendiente costosa, pero emocionante, sacrificada y
satisfactoria. Hay un video que así lo prueba. A partir de ese
momento comienza la bajada al valle y llegada a Triacastela. A la
entrada en el albergue de la Tia Elvira nos encontramos con dos
personajes interesantes, Benigno, un militar retirado según la pinta
que dedujo Enrique, personaje donde los haya que es capaz de encajar
los cachondeos y el sarcasmo sin ningún tipo de reparos y Juan
Carlos, un brasileño, hospitalero y hombre del Camino.
Nada
más llegar, me informé donde había un bar en el que pudiéramos
ver la final de la Champion, me fui inmediatamente para ver y
reservar la mesa. Fue un día grande ...habíamos vivido momentos
indescriptibles por su emoción y, para colmo, por la noche en ese
bar, con aficionados del Liverpol detrás de nosotros, el Real Madrid
se proclamó campeón por 13 ª veces. Más, nos se podía pedir. Con
la satisfacción del día y con el cansanción de los puertos
subidos, nos fuimos a la cama. Antes la Sra Elvira nos la metió “
doblada como las morcillas de Castuera “, nos cobró dos lavadoras
y dos secadoras porque decía que no cabía en una.
El
Albergue “ El refugio de Orivio “ más o menos bien: 6,5.
Día
27
10ª
Etapa: Triacastela – Palas del Rey
Atravesamos
la calle central de Triacastela para abandonar la población y es ahí
donde debemos tomar la decisión que marcará nuestra jornada, ya que
la bifurcación que nos recibe a la salida del pueblo nos da la
opción de tomar la variante de Samos . La
distancia a caminar es más larga, Abandonamos Triacastela para
realizar nuestra etapa
por la comarcal LU-633, con cierto peligro, ya que caminaremos por la
propia carretera, exenta de arcenes o aceras. Llegamos al lugar de
San Cristovo do Real, perteneciente al Concello de Samos, donde
encontraremos el Pazo de Lusío.
Proseguimos
camino próximos a la orilla del Río Sarria, pasando por Lastres
primero y por Freituxe después, para comenzar un pequeño descenso
que nos conduce hasta Samos, capital del Concello con el mismo
nombre, que guarda un monasterio benedictino del siglo XVII, cercado
por una imponente muralla y que se encuentra abierto a todo aquel que
quiera contemplarlo.
Tras
visitar estos lugares imperdibles, debemos cruzar el pueblo por la
avenida principal y dirigirnos a la salida del mismo para volver a
retomar la carretera LU-663, a ser posible por el margen izquierdo
para mayor seguridad. Sobrepasamos un monumento al peregrino y
alcanzamos Teiguin, lugar idóneo para reponer fuerzas en un enclave
al aire libre, donde podremos encontrar mesas para disfrutar de un
almuerzo o sentarnos a descansar nuestros pies durante unos minutos.
Aquí
empieza el Camino para muchos peregrinos, por ser Sarria uno de los
puntos de partida por excelencia dado que esta localidad de la
provincia de Lugo, se encuentra aproximadamente a unos 100 kilómetros
de Santiago, y esa es la distancia mínima que debemos de peregrinar
a pie para poder recibir la Compostelana
Al
otro lado nos espera un buen tramo de tierra que discurre paralelo a
la vía del tren, la cual deberemos cruzar por un paso correctamente
señalizado y que no reviste peligro alguno. Tras esto, cruzamos un
pequeño arroyo sobre una pasarela de madera para afrontar el repecho
más complicado de la jornada, que se hace más ameno gracias a la
imponente robleda que nos acompaña en nuestro pedalear .
Proseguimos
la senda que nos conducirá a Morgade, con su fuente del Demonio y la
Capilla de la Trinidad, donde es tradición dejar notas con la
experiencia de peregrinación experimentada hasta el momento.
Afrontamos aquí otra pequeña pendiente con un arroyo que volveremos
a salvar sobre losas de granito para acceder a Ferreiros, lugar que
nos da la bienvenida al Concello de Paradela
Iniciamos
el descenso que nos conducirá Portomarín. Nos acercamos al río
Miño en nuestro descenso para invitarnos a cruzarlo por el puente
que nos da la bienvenida al pueblo. Entramos por uno de los arcos del
viejo puente medieval.
Solamente
restan 94 kilómetros hasta Santiago y nos despedimos de Portomarín
, enfilando el ascenso por la falda del monte de San Antonio, aunque
no durante mucho tiempo, ya que apenas un kilómetro después
comenzaremos a llanear rodeados de árboles de copa alta y extensas
praderas hasta que nos conduce en un ligero descenso al arcén de la
carretera comarcal
Continuamos
nuestra etapa paralelos una vez más a la carretera comarcal,
afrontando una subida donde veremos a mano izquierda el indicador
opcional que nos conducirá al castro. Al final de este repecho y
tras cruzar un par de veces la carretera, nos aguarda el lugar de
Hospital da Cruz, conocida así por el Hospital de peregrinos que
albergó en su día y del que ya no existen ni las ruinas, solo se
conoce su existencia por estar documentada en los libros antiguos.
Seguimos
nuestro camino sin abandonar el sendero, afrontando una subida que
nos llevará a coronar la sierra de Ligonde, que divide de forma
amistosa las cuencas del río Miño y el río Ulla y que nos
permitirá gozar de una panorámica excepcional de todo el entorno.
Llegamos a Ligonde, dejando al lado una antigua cruz que señala el
lugar donde antiguamente se asentaba un cementerio de peregrinos.
El
fin de la jornada se acerca, y lo notamos cuando visualizamos el
complejo Os Chacotes, donde los peregrinos se agolpan en las
inmediaciones del albergue público existente en este lugar y que
oficialmente supone el fin de la etapa.
ANECDOTARIO
Salida
a las 8h. de la mañana con niebla intensa, que a medida que avanzó,
se fue quitando. El reguero de caminantes , ciclistas y grupos de
estudiantes era impresionante. Salimos a la carretera LU – 633 y
unas veces por carretera y otras por senderos, algunos frondosos y
por la ribera de los ríos, llegamos a Samos, donde hicimos una
visita al famoso monasterio de los Benededictinos. Es un mamotreto
impresionante que en su día fue refugio de monjes y peregrinos.
Tras
una bajada de perfil, llegamos a sarria, donde nos encontramos con
Pedro Andrés, maestro jubilado de Medellín y en otros tiempos rival
de tenis. Tambien estaban un matrimonio del mismo pueblo. Se puso a
hablar con Celestino, Amalio y Enrique, al que no reconoció de los
tiempos de la raqueta. Yo me coloqué en una posición detrás de él
y cuando intervine en la conversación, le dio mucha alegría.
Tomamos
un café reconstituyente en Sarria y rápidamente partimos hacia
Portomarín, donde nos volvimos a ver con Pedro. Pero allí en la
entrada en la escalinata famosa , nos encontramos con una familia
argentina, un matrimonio con sus cuatro hijos y sus respectivas
parejas, todos ellos vestidos con maillot rosa. Habían venido a
España a una boda a Badajoz, en el Hotel Go0lf. Les hizo mucha
ilusión que nosotros fuéramos extremeños. Tanto fue así que nos
hicimos una foto de familia y les cantamos nuestro “ Resistiré “.
Les encantó tanto, que cuando nos volvimos a ver por la carretera
nos saludamos con el estribillo de la canción. Eran una familia
simpática y llenas de entusiasmo. Fue el momento mágico del día.,
los argentinos se lo pasaron “ pipa “. Nos despedimos con besos
entre todos.
Tras
ese momento mágico decidimos entrar en el pueblo, comprar algo suave
– por la experiencia de otros días – en un supermercado y comer
algo para continuar la marcha. Dicho y hecho, en la puerta del super,
preparada con unas mesas y unas sillas hicimos una comida rápida,
pero nos sentó muy bien, fue algo insólito, genial.
Tras
varias subidas y bajadas para llegar a Hospital Da Cruz, por fin
coronamos la sierra de Ligonde que divide como ya se ha dicho en la
descripción las cuencas del Miño y del Ulla.. Llegamos a Ligonde
desde donde llamamos a la Empresa Alsa para reservar y comprar
nuestros billetes de vuelta a Extremadura. A partir de ahí comienzan
las bajadas de perfil, pero el camino sigue siendo un rompepiernas.
A lo lejos divisamos Palas del Rey y al entrar vimos el albergue
municipal repleto de caminantes y ciclistas descansando en las
terrazas de los bares anexos al local.
Hicimos
la colada , nos dimos una buena ducha, un recorrido por el pueblo,
tomamos unas cervezas en la terraza de una plaza al lado del albergue
acompañados en una mesa contigua por dos italianas simpáticas con
las que entablamos un rato de conversación.
Compramos
algo para cocinar en el albergue. Cual fue nuestra sorpresa que en el
albergue no había nada de utensilios de cocina, ni sarten, ni cazos
, “ ni na ..ni na “, así es que después de hacer la compra
tuvimos que devolverla y traernos comida en frío. Lo mismo les paso
a unos bicigrinos de Huelva con los que compartimos mesa y mantel.
Eran dos buenos ciclistas y venían con buena media de kilometraje.
La
etapa fue preciosa en cuanto a paisajes se refiere. Pero bastante
dura. Albergue: 6
Día
28
11ª
Etapa: Palas del Rey – Santiago
Descripción
Es
una etapa exigente, con un perfil quebrado e irregular, donde son
frecuentes las subidas cortas pero dificultosas fisicamente, en la
que conviven tramos en un estado de conservación excepcional que
atraviesan aldeas maravillosas de la Galicia profunda, con zonas
menos gratificantes como polígonos industriales o tramos con un
estado de conservación muy mejorable.
Al
llegar a la localidad de Arzúa, los peregrinos del Camino
se
unen a aquellos que proceden del Camino del Norte para encarar los
últimos kilómetros
que los separan de Compostela.
Superando
una serie de subidas y bajadas, disfrutaremos de uno de los tramos
más espectaculares del trazado, con imponentes corredoiras y
paisajes dignos del bosque animado, donde ramas, piedras y un mantón
verde uniforme se abrazan dando lugar a esa maravilla que solemos
llamar simplemente Galicia.
Tras
dejar Arzua, continuamos nuestro descenso por un entorno
completamente rural lleno de paz y sosiego, caminando en un pacífico
descenso es hora de comenzar a subir. En nuestra subida topamos de
frente con una bifurcación en la que un mojón peregrino nos indica
que nuestra senda continúa por la izquierda.
Continuamos
paralelo a la carretera nacional para llegar en ascenso a O Empalme,
donde encontramos un peculiar merendero y es un lugar idóneo para
aquellos que vayan justos de fuerzas para continuar hasta O Pedrouzo,
dado que los eucaliptos nos arropan en un descanso que nos permitirá
recuperar la energía perdida.
Abandonamos
Pedrouzo tomando como referencia el albergue público, debiendo
volver sobre nuestros pasos unos 500 metros para retomar la ruta.
Pasando el río y tras cruzar la carretera nacional por un paso
inferior, afrontamos el repecho más significativo que nos conducirá
hacia Cimadevila, que aunque en un primer momento se trata de una
subida significativa se torna más asequible en cuanto superamos los
dos primeros kilómetros.
Caminamos
junto a las dependencias de la televisión autonómica de Galicia
(TVG) y al centro territorial de Radio Televisión Española.
Alcanzamos ahora las dependencias de San Marcos, llegando por fin al
Monte do Gozo, donde se sitúa el mayor albergue existente en todo el
Camino de Santiago, inaugurado en el año 1993 con capacidad para
albergar a centenares de peregrinos en años de mucha afluencia.
Desde aquí tenemos nuestra primera vista sobre la ciudad de
Santiago, ya casi podemos sentir la sensación de haber cumplido
nuestro objetivo.
Desde
aquí, las torres de la Catedral nos dan el último aliento para
recordarnos que solo nos queda descender por la calle de Azabachería,
donde antiguamente se asentaban los artesanos del azabache, y pasar
por delante del imponente monasterio de San Martín Pinario. Ya solo
queda cruzar el pasadizo donde los músicos callejeros nos esperan
con sus instrumentos para darnos la bienvenida a la majestuosa Plaza
del Obradoiro.
Al
fin podemos alzar la vista y con la emoción propia del momento
disfrutar de ver cumplido nuestro objetivo: la Catedral de Santiago
se alza ante nuestros ojos. Nuestra camino ha terminado, o eso
dicen, porque para cualquier persona que haya vivido esta experiencia
con intensidad, el camino no ha hecho nada más que empezar.
¡Bienvenido
a Santiago !
Anecdotario:
Etapa
del deseo, de la satisfacción, del logro conseguido, podemos
llamarla como cada uno quiera. Hoy más que nunca, ¡buen camino
compañeros, tu destino te está esperando!. Salida con niebla
intensa, multitud de peregrinos y bicigrinos nos apiñamos para el
último “ arreón “ del camino. La etapa transcurre al inicio
por parajes preciosos y bosques repletos de árboles que daban la
sensación que vivías en un cuento de hadas.
Avanzando
la mañana, la niebla se diluye y el sol mezclado con nubes grises
pero no amenazantes, dan paso a los recuerdos mas duros que has
vivido a lo largo de esos once días.. De pronto, como venida del
cuento, aparece una bella dama brasileña, cuyo nombre no conocemos,
montada en su bicicleta y con una pinta de ser una buena deportista.
Cómo no, había que hacerse una foto, para el recuerdo . Ella
encantada y Amalio cariñosamente se lo agradeció. Cada repecho,
cada pueblo era una gozada más que se unía a tantas y tantas
experiencias vividas. Cómo nos veníamos de Galicia sin hacernos una
foto en un Horreo ¿. Imposible, de lo contrario Enrique se hubiera
apenado mucho...jaja…
La
siguiente parada fue en Arzua a tomarnos unas cervezas que nos sentó
muy bien, en una terraza cargada de caminantes. Enrique repartió los
dátiles que traía entre todos para que comprobarán lo sabroso y “
blandos “ que estaban. A partir de ahí entramos en otra zona
preciosoa de riachuelos. En uno de ellos paramos a contemplar las
cristalinas aguas que bajan con brío de las partes altas de la
montaña.
Pero
era la última etapa y todavía no habíamos probado el pulpo, así
es que paramos en Pedrouzo, donde degustamos una buena ración de
pulpo que nos supo a poco y compartimos dos menús, servidos por una
guapa y simpática camarera española, de origen rumano, que hablaba
perfectamente el castellano. Así da gusto comer. En ese restaurante
coincidimos con una alemana y su acompañante, “ PavarottI “. Les
cantamos nuestra canción y él nos cantó por Julio Iglesias. Tenía
buena voz y la alemana mucha gana de cachondeo.
Una
vez recuperadas las fuerzas, pues la etapa parecía sencilla, pero
era un poco rompepiernas, llegamos al Monte Do Gozo., lugar mítico,
colina de 380 metros de altura, desde donde se divisa por primera vez
la ciudad de Santiago. En este lugar también confluyen el camino del
norte y el primitivo. Desde el mirador del monte, hay colocadas dos
esculturas de peregrinos, y alrededor hay piedras, mensajes,
sacrificios y prendas de vestir que han ido dejando los peregrinos,
bien por sus convicciones religiosas o bien porque es una forma de
demostrar que también sin tenerlas, se encuentran orgullosos de
estar allí. Por supuesto no faltaron las fotos, no una, sino
muchasss…..
Santiago
aguarda y eso se nos nota. Algunos más ligeros y con la mente puesta
en la meta, otros sin embargo, con el pedalear sosegado de aquel que
tiene miedo de llegar al final de su aventura y no saber lo que
vendrá después. En cualquier caso, todos con la ilusión de
alcanzar por fin la majestuosa plaza del Obradoiro y alzar la vista
para vislumbrar la barroca fachada de la Catedral.
Como
los Césares cuando llegaban al Circo, tuvimos una entrada triunfal
en la plaza, bueno más que triunfal, yo la llamaría espectacular.
Con la plaza abarrotada de caminantes y bicigrinos, aparecemos los
Ciclozumos, tumbamos nuestras bicicletas cansadas en el centro de la
plaza, nos fundimos en un abrazo , primero individual y luego los
cuatro en uno colectivo. Lo habíamos conseguido, aquello que hace
unos días nos parecía imposible, hoy era una realidad. Celestino,
dando muestras de su religiosidad, se postró en medio de la plaza y
dio un beso a la concha del peregrino. Pero todos estábamos
sumergidos en un baño de emociones, satisfacción y alegría por la
gesta conseguida.
Luego,
ante la atenta mirada de tod@s los que
estaban en la plaza llegó lo inenarrable, con Enrique haciendo de
animador y presentador, nos pusimos a cantar nuestro himno que fue
jaleado por toda la plaza. Fueron momentos históricos. A partir de
aquí y tras unos aplausos generales, todo el mundo participó
conjuntamente de nuevo cantando el estribillo de nuestra canción:
Resistiré,
montando en bicicleta,
pedaleando
, vamos los Ciclozumos
Vamos
cantando al son de pedaleo
Resistiré...resistiré…..
Fotos
y más fotos de todos los estilos y de todas las posturas ilustrarán
nuestros recuerdos a partir de ahora. Tras este baño de cariños y
solidaridad por parte de todos, nos fuimos a buscar el albergue
Monterrey, que Verónica, hija de Enrique , nos había buscado por
Internet. Era un buen albergue y la chica que nos recibió era
tremendamente simpática y servicial.
Tras
la ducha, la colada y guardar las bicis, nos fuimos al centro a
hacernos una cena tranquila, y saborear un buen albariño.
Compartimos cena en mesa contigua con otros extremeños de Cáceres
que estaban haciendo el camino también. Recogida, descanso y
satisfacción son las tres elementos que acompañaron nuestros sueños
en la última litera.
Día 29
Vuelta a casa
Al día
siguiente, ya de descanso y con el deber y el objetivo conseguido,
nos fuimos a dar una vuelta por el centro histórico de Santiago.
Compramos algunos regalos para la familia, tartas de de almendra de
Santiago de la famosa casa de Casal Cotón, quesos de tetilla,
chocolates y algunos recuerdos de la ciudad.
Hicimos un
recorrido muy entretenido por la zona antigua, terminamos en el
Mercado, donde siguiendo las recomendaciones de mi hija Conchi,
compramos el marisco fresco y vivo y luego te lo preparaban en unos
restaurantes que hay en modulo siete de dicho mercado. Te lo
preparan como tu quieras y la cantidad que quieras por el módico
precio de cinco euros por persona. Quedamos a las 12 en ir a comer.
Puntualmente estaba todo preparado y nos dimos una excelente
mariscada regada con un buen vino de albariño. Estuvo exquisita,
brindamos por el objetivo conseguido. Y lo cierto es que nos resultó
muy bien económicamente.
A las trece
horas estábamos de vuelta en el albergue, recogimos las bicicletas y
los equipajes y nos fuimos a la estación de autobuses. Allí nos
juntamos con nuestros paisanos de Cáceres que también regresaban
ese día. Y, nos pusimos mano a la obra, había que embalar las
bicicletas. Con la experiencia que teníamos, tenían Amalio y
Celestino, y con la mínima ayuda que yo les pude proporcionar,
comenzó el Gran Show narrado, dirigido y producido por E.Laso Bros.
El video donde se recoge todo el proceso merece, cuando leas ésto,
que lo veas. Te vas a reir un montón.
Con las
bicicletas ya embaladas nos relajamos un poquito y tomamos un café
en la,cafetería de la estación de autobuses, mientras Enrique
montaba guardia a las bicicletas.
A las 16, 30
h. puntual llegó el autobús, subimos los equipajes y las bicicletas
y marchando para Mérida, lugar de destino. Nos quedaban doce horas
de viaje. Armándonos de paciencia, unas ratos comentando alguna de
las tantas anécdotas que nos habían sucedido, otras con el
Duolingo, con el intenet , viendo alguna película por la televisión
o dormidos, fueron pasando las horas. A las 21,30 h. paramos en
Puebla de Sanabria para comer algo y estirar las piernas. Tras esta
breve parada de 20 minutos y después de comernos nuestro bocata,
nos venció de nuevo el sueño y con más espacios en el autobús,
pues ya se habían bajado bastantes viajeros, pudimos ocupar dos
asientos cada uno.
A las 4,45 h
de la mañana llegamos a Mérida, rendidos pero contentos. Nos
esperaba Paco Buyo con su flamante furgoneta mercedes para
trasladarnos a Santa Amalia. Con dificultades pudimos entrar las
bicis y los equipajes y media hora después estábamos cada uno en
nuestras cosas, descansando en nuestras camas. No sin antes hacer
pequeños comentarios de nuestra aventura. Pero el sueño pudo con
nosotros.
A título
de resumen.
A mis
compañeros de camino y a Raúl. Sin ellos, quizás no lo hubiera
conseguido...gracias.
.. Ayer terminé
El Camino... y hoy paseo por Santiago.
Cuando llegué
a la Plaza del Obradoiro, a las 6 de la tarde, ésta estaba llena de
peregrinos. El jolgorio, la alegría, las miradas de satisfacción,
los abrazos con mis compañeros y la relación con la gente, te
imbuye en un mar de satisfacción por haber llegado a la meta
ansiada. Los que como yo, vamos por placer, deporte y convivencia,
sentimos una alegría inmensa de haberlo conseguido.
Pedaleo sin
prisa, a la plaza siguen llegando peregrinos, los coreanos, los
belgas, los holandeses,…... da gusto ver como todos, cada uno por
su motivo, te saluda , te da la enhorabuena y te fundes en un abrazo
sincero con alguien que, a lo mejor, jamás le volverás a ver. Les
miro con la hasta ahora habitual cara de compañerismo y complicidad,
incluso les saludo con el hasta ayer habitual ¡Buen camino!... hoy
sí me apetece decirlo y repetirlo, pero acompañado del ¡¡ Viva
la vida !!
Por primera
vez soy consciente de que se ha acabado mi camino, observo a mi
callada acompañante, la bicicleta, allí tirada en la plaza, como me
mira y descansa ante la majestuosa fachada de la catedral de
Santiago. Han sido más de setecientos kilómetros y hemos disfrutado
y sufrido cada uno de ellos. Hemos pasado las barreras montañosas
del Camino y hemos cumplido nuestra ilusión de terminarlo desde
tierras francesas.
Los lugares
sobre los que tanto había leído, tanto había oído a mi compadre
Flore y tanto había imaginado, ya están grabados para siempre en mi
retina: La majestuosidad de los Pirineos, donde pareces que tocas el
cielo con los dedos, la llegada a Erro, el alto al que se accede
bajando; la visión sin límites desde el Alto del Perdón, repleto
de peregrinos y bicigrinos de todas las nacionalidades, donde
conseguimos unirnos en una foto que quedara siempre para el recuerdo
y donde cantamos por primera vez nuestro himno “ Resistiré “;
las gallinas de Santo Domingo; que cacarean al divisar a un buen
peregrino, aunque no pudimos comprobarlo por que estaba cerrada; la
alegre compañía de Manolo en Logroño, donde nos fundimos con esa
tierra del vino, y la calle Laurel y sus tapas; la entrada y llegada
a la catedral de Burgos con el encuentro con unas monjitas
angelicales de Nueva Zelanda, llenas de pureza y sensibilidad; el
impresionante puente de Portomarín y su Iglesia-fortaleza; el
estallido de luz de la Catedral de León y nuestro himno, una vez más
sonando con eco en la maravillosa plaza ; el contraste de la
Catedral y el Palacio de Gaudí en Astorga; la subida al Cebreiro,
con el encuentro más emocionante con Carmen, donde los recuerdos de
Luis, y nuestro momentos juntos me hicieron llorar y pasar un rato
amargo pero deseado; la vuelta a tocar el cielo y contemplar Los
Ancares leoneses y gallegos a un lado y al otro de la carretera; y
por fin Santiago, contemplado desde el Monte Do Gozo, ahí estaba
nuestra ansiada meta.
Y ahora
conozco todo esto a fondo. Al recorrerlo en bicicleta se me ha
grabado en mi mente, pero sobre todo en mi corazón. Y ahora lo
siento y lo percibo como algo propio. Conozco los caminos bellos,
pero tortuosos y pedregoso de los Pirineoos, la textura de los
caminos riojanos entre viñedos, los inmensos trigales de Palencia,
las duras tierras del páramo leonés, la dureza con la que O
Cebreiro guarda la entrada a Galicia, como un centinela que solo deja
paso libre a quien demuestra que lo merece; conozco los señoriales
pueblos Navarros, los sobrios pueblos castellanos y los desperdigados
pueblos gallegos.
Lo he conocido
todo a un ritmo de bicigrino, que no sobrevuela el terreno sino que
lo absorbe, lo vive y lo asimila en días que transcurren fuera del
tiempo normal, en los que las horas se dilatan y dan cabida a una
variedad casi infinita de vivencias, percepciones, experiencias e
impresiones. Puede parecer al profano que todos los días en el
Camino son iguales, pero cada uno de ellos es una aventura completa
en la que nunca sabes lo que va a suceder, con quien vas a estar y
que dificultades vas a encontrar.
En un solo día
puedes experimentar una variedad de sensaciones y cambios de estado
de ánimo tremendos, puedes contemplar parajes hermosísimos y tener
momentos muy duros; puedes sentir dolor y aprender a soportarlo;
disfrutar del sencillo placer de un poco de agua fría y un poco de
fruta a tiempo y padecer la interminable agonía de los últimos
kilómetros hasta el pueblo que parece estar allí mismo, al alcance
de la mano, pero al que no llegas nunca...
Son días
interminables, sin reloj, que pedaleas y paladeas hora a hora. Te da
tiempo a todo porque las obligaciones del Camino son sencillas y
básicas. Te dejan todo el tiempo que quieras para pensar,
reflexionar o simplemente dejar vagar la mente.
Finalmente me
gustaría destacar las relaciones humanas en el Camino. Tienen algo
especial, son abiertas, relajadas y sencillas, ya que no tienen las
dependencias y condicionantes de la vida normal. En el Camino todos
tenemos los mismos objetivos e intereses, siempre hay un tema común
del que hablar y siempre surge la comunicación con la misma fuerza
como el agua cristalina baja del deshielo.
Pero el gran
misterio es que, al final, aunque vayas acompañado, aunque hables
con gente de cien nacionalidades distintas y compartas con ellos pan,
vino, ampollas, miserias y alegrías, el Camino lo haces solo. Y es
bueno que así sea. A la gente te la vas encontrando aquí y allá,
pero el Camino lo haces solo. Cada cual tiene que vivir su propio
Camino, y todos son distintos.
No sé si
volveré, pero si lo hago, volveré a grabar nuevas experiencias para
contárselas a cualquiera. Merece la pena. ¡¡ Viva la vida !!.